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Ceuta, Melilla y el legado de Abdelkrim: ¿Cómo transformar una crisis de fronteras en un puente compartido entre África y Europa?

Ceuta, Melilla y el legado de Abdelkrim: ¿Cómo transformar una crisis de fronteras en un puente compartido entre África y Europa?

Por Rachid RAHA, presidente de la Fundación “David Montgomery Hart de Estudios Amazighies y de la Asamblea Mundial Amazighe

Las recientes tragedias en torno a la ciudad de Ceuta, y en Melilla en menor intensidad, han reavivado los reflejos más antiguos: la acusación mutua, la intensificación de las tensiones identitarias, la retórica de la seguridad y la controversia sobre la soberanía territorial entre España y Marruecos. Sin embargo, una frontera no está condenada a ser simplemente una línea divisoria. En el punto exacto donde Europa limita físicamente con África, las fronteras pueden convertirse en un laboratorio de cooperación mutua e intercontinental.

La historia del Rif, reexaminada con rigor, nos invita precisamente a cambiar esta antigua perspectiva: de la conquista al intercambio, del miedo a la responsabilidad compartida y de la migración forzada al desarrollo y a la prosperidad compartidos.

Cuando la periodista Ana Jiménez, de RTVE, acudió a la provincia de Nador para la realización del documental de «Informe Semanal» dedicado al centenario de la batalla de Annual [1], donde murieron más de diez mil soldados españoles durante el mes de julio de 1921, le propuse que me tomara una importante declaración en el monte Gurugú, donde tuvo lugar la «Batalla del Barranco del Lobo», en julio de 1909, en las proximidades de la frontera de Melilla. Sin embargo, por falta de tiempo, no pudo realizarse.

Dicha trascendental declaración fue recogida en la entrevista que Luis de Oteyza mantuvo con Mohamed Abdelkrim El Jattabi [2], en la que Abdelkrim confesaba: «Nosotros no queríamos pasar de la línea del Kert, y establecer allí la frontera; pero al ver que las cabilas sometidas se excedían en acometividad y en furia, temimos que asaltasen Melilla. Hubiera sido horrible. La Humanidad entera se hubiese horrorizado ante un saqueo así, con los incendios, las violaciones y los asesinatos consiguientes. Mi hermano lo comprendió, y envió a éste con tres caídes y seiscientos hombres para evitarlo. En el Gurugú estuvieron una semana protegiendo a Melilla; hasta que estableció (el general) Berenguer la línea defensiva».

Es muy importante subrayar que Mohamed Abdelkrim mandó a su propio hermano, Mhamed, junto con esos 600 jinetes, para asegurar la defensa de la ciudad de Melilla. En un primer momento, no quería en absoluto que los guerrilleros de las mhalas de las tribus rifeñas, enfurecidos y muy motivados por aquel rotundo e inesperado desastre de las tropas españolas en Annual, consiguieran penetrar en la ciudad y cometer crímenes y atrocidades contra las poblaciones civiles europeas, contra los niños, las mujeres y los ancianos.

Los oficiales «africanistas» del ejército colonial español y la opinión pública de su país no comprendían que se estaban enfrentando a un «hombre político» que desencadenó no «una guerra santa» de musulmanes contra cristianos, sino más bien una «guerra de liberación» de su territorio, al conseguir que las tribus del Rif se unieran a él y a su ambicioso sueño de crear un Estado africano moderno llamado «la República Confederada de las Tribus del Rif».

Tras la victoria de los combatientes rifeños en Annual, en julio de 1921, las fuerzas españolas fueron replegadas a las afueras de Melilla. Abdelkrim El Jattabi no ordenó un ataque contra la ciudad de Melilla, ni tampoco contra la ciudad de Ceuta durante las retiradas de las tropas del ejército español de las cordilleras montañosas de Yebala en 1924.

Por consiguiente, Abdelkrim deseaba que Ceuta y Melilla permanecieran bajo la bandera española para asegurar una relación estrecha con el Estado español y favorecer el comercio entre Europa y África. Su negativa a transformar la victoria militar en un asalto a una ciudad europea revela algo más profundo: Abdelkrim no estaba atrapado en una lógica de destrucción. Luchaba contra la dominación colonial, no contra el pueblo español ni contra Europa como civilización. Jurista, exprofesor del idioma amazighe y experiodista en Melilla, cuando su padre colaboraba con España, Abdelkrim pensaba que España, y por extensión Europa, podían sacar a su región natal del Rif del subdesarrollo y de la Edad Media en la que estaba condenada. Buscaba el reconocimiento internacional para su nuevo Estado, recién organizado, capaz de gobernar y dotado de un ejército popular y de una administración, con el fin de negociar y comerciar con las potencias europeas [3].

Abdelkrim se destacaba notoriamente de todos los demás líderes marroquíes y norteafricanos anticoloniales que lo precedieron, incluido su propio héroe, Mohamed Sharif Amezian, quien derrotó al ejército español en la famosa batalla del Barranco del Lobo de 1909. De él se inspiró para desarrollar la táctica de la «guerra de guerrillas», que, a su vez, inspiró al líder chino Mao Tse Tung, al vietnamita Ho Chi Minh y al revolucionario Che Guevara.

En una memorable declaración, escrita en castellano de su propia mano, y no en árabe clásico, Abdelkrim declaraba: «Sr. D. Luis de Oteyza. Director de “La Libertad”: Como le he manifestado de palabra le reitero por escrito que el Rif no combate a los Españoles ni siente ningún odio hacia el Pueblo Español. El Rif combate a ese imperialismo invasor que quiere arrancarle su libertad a fuerza de sacrificios morales y materiales del noble Pueblo Español. Le ruego manifieste a su Pueblo que los rifeños están dispuestos y en condiciones de prolongar la lucha contra el español armado que pretenda quitarles sus derechos, y sin embargo tienen sus puertas abiertas para recibir al español sin armas como técnico, comerciante, industrial, agricultor y obrero» [4].

Esta clara declaración de Mohamed Abd-el-Krim El Jattabi, del 2 de agosto de 1922, lo distingue de los demás precursores y líderes de la resistencia musulmana anticolonial. Abdelkrim no protagonizaba una guerra de cruzadas, una guerra santa de moros contra cristianos, sino más bien una guerra de liberación de un pueblo africano que respetaba a las poblaciones civiles y que aspiraba a la prosperidad.

Foto: Abdelkrim cuando era profesor del idioma amazighe en Melilla en el seno de la Oficina de Asuntos Indigenas

Abdelkrim nunca ordenó ningún acto de terrorismo contra los civiles europeos [5] ni dio ninguna instrucción a las milicias de la cabila de Ayt Bu Yahyi para acometer las atrocidades inhumanas del Monte Arruit, consistentes en pasar a cuchillo a los supervivientes de la batalla de Annual. El caíd Benshemlal consiguió salvar de dicha matanza al general Felipe Navarro, al teniente coronel de Infantería Manuel López Gómez, al teniente coronel de Infantería Eduardo Pérez Ortiz y al comandante de Caballería José Gómez Zaragoza, quienes fueron tratados por Abdelkrim como prisioneros de guerra.

Al contrario, el ejército africanista colonial español, bajo el mando del golpista y dictador Primo de Rivera, no vaciló en utilizar armas químicas prohibidas contra las poblaciones civiles rifeñas durante los zocos semanales, como represalia y venganza por lo sucedido en el desastre de Monte Arruit [6], durante esta Guerra del Rif, que terminó hace casi exactamente un siglo, en 1926.

Mohamed Abdelkrim El Jattabí, como un verdadero político y hombre de Estado que intentó construir un Estado moderno sin atacar ni recuperar las ciudades de Ceuta y Melilla, tenía una firme voluntad de sacar a su pueblo del atraso y del subdesarrollo con la necesaria ayuda de España y de Europa. España no podía desempeñar dicho papel en aquellos momentos, ya que ella misma era un país europeo subdesarrollado frente a los países europeos situados al norte de los Pirineos.

Es verdad que las ciudades de Ceuta y Melilla seguirán siendo lugares de memoria, de soberanía disputada y objetos de sensibilidades y patriotismos nacionales. Esta espectacular y profunda crisis migratoria de Ceuta de finales de julio, con la entrada de 72 000 emigrantes y unos 150 fallecidos, podría desencadenar una guerra diplomática entre Marruecos y España y podría, incluso, poner en peligro las buenas relaciones económicas y la organización de la Copa del Mundo de fútbol de 2030.

Sin embargo, estas ciudades amazighes de Ceuta y Melilla pueden convertirse en ciudades puente entre África y Europa. En esta hipótesis, y según mi opinión, la mejor respuesta a la controversia no reside, por tanto, en olvidar la historia ni en utilizarla constantemente como arma. Se trata de un esfuerzo compartido: transformar la única frontera terrestre entre África y la Unión Europea, de la cicatriz que separa dos continentes, en su punto de encuentro.

Aquí reside la lección más relevante de Abdelkrim: la verdadera victoria no consiste en tomar una ciudad, ni en encerrarnos en la desesperación provocada por estas repetidas crisis migratorias y por la percepción del fracaso de una frontera concebida casi exclusivamente como una barrera humana y de civilizaciones.

La Unión Europea no puede continuar reduciendo a África a una fuente de materias primas, a un mercado para sus productos y a una permanente amenaza de emisión de flujos migratorios. Tiene un interés directo en el surgimiento de un continente estable, desarrollado, educado y próspero.

Ceuta y Melilla podrían, por lo tanto, convertirse en algo más que simples puestos avanzados del espacio Schengen: dos plataformas euroafricanas para la inversión, la formación y la innovación. Su geografía se presta a ello. Están en contacto directo con el norte de Marruecos, cerca de Tánger-Tetuán y de la región oriental, zonas conectadas a puertos, redes industriales y mercados mediterráneos.

En lugar de fomentar una economía fronteriza frágil, basada en el contrabando y en el blanqueo de las remesas del tráfico de drogas, dependiente de las fluctuaciones de los precios y de los cierres ocasionales, se debe apostar por construir una economía transfronteriza productiva. Podrían desarrollarse proyectos concretos entre ambas orillas del Mediterráneo, basados en varios compromisos, como desarrollar centros de formación en profesiones relacionadas con el puerto, la sanidad, las tecnologías digitales, las energías renovables, el turismo sostenible y la agroindustria, y crear un fondo conjunto para el empleo juvenil en la región del Rif y del Norte de África, con la participación de la Unión Europea, España y los países norteafricanos.

En definitiva, se trataría de convertir Ceuta y Melilla en puertas de entrada para las alianzas europeas con África del Norte, mediante la conexión de la logística, la financiación, la experiencia y el procesamiento de recursos locales. Este ambicioso sueño no parte de cero, ya que la Unión Europea ya es el principal socio comercial del Magreb y figura en los acuerdos de asociación que la Unión Europea firmó con Marruecos, Argelia y Túnez.

Por Rachid RAHA, presidente de la Fundación “David Montgomery Hart de Estudios Amazighies y de la Asamblea Mundial Amazighe.

Notas:

[1]- https://www.rtve.es/play/videos/informe-semanal/100-anos-annual-donde-espana-retorcio-su-historia/6046999/

[2]- https://www.fronterad.com/luis-de-oteyza-entrevista-a-abdelkrim-y-su-hermano/

[3]- https://www.youtube.com/watch?v=Dr4Y30suzTo&t=41s

[4]- https://rachidraha.com/PDF/AlJatabi.pdf

[5]- https://melillahoy.es/el-revolucionario-abdelkrim-y-el-terrorista-bin-laden-absolutamente-incomparables/

[6]- https://amadalamazigh.press.ma/pdf/Dossier%20de%20Presse%20-%20Guerre%20Chimiques%20contre%20le%20rif2.pdf

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