A la amable atención de Sus Excelencias:
- Sr. Nasser Bourita, Ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y de los Marroquíes Residentes en el Extranjero del Reino de Marruecos;
- Sr. Ahmed Attaf, Ministro de Asuntos Exteriores de la República Argelina Democrática y Popular;
- Sr. Mohamed Salem Ould Merzoug, Ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación y Mauritanos en el Exterior de la República Islámica de Mauritania;
- Sr. Mohamed Ali Nafti, Ministro de Asuntos Exteriores, de la Migración y de los Tunecinos en el Extranjero de la República Tunecina;
- Sr. Taher al-Baour, Ministro de Asuntos Exteriores interino del Estado de Libia.
Asunto: Solicitud de disolución de la “Unión del Magreb Árabe” (UMA) y propuesta de creación de la “Unión de Tamazgha”
Excelentísimos Señores Ministros,
Con motivo del trigésimo séptimo aniversario de la creación de la «Unión del Magreb Árabe (UMA)», celebrado el 17 de febrero, permítanme llamar solemnemente su atención sobre el futuro de esta unión regional que hoy se encuentra en estado moribundo y que, de manera evidente, ya no suscita ni adhesión popular ni esperanza política entre los pueblos del África del Norte.
A pesar de los reiterados llamamientos de la Unión Europea —que ha firmado acuerdos de asociación con Marruecos, Argelia y Túnez, afirmando explícitamente “el fomento de la integración magrebí mediante la promoción de los intercambios y la cooperación en el conjunto del espacio magrebí y entre este y la Comunidad Europea y sus Estados miembros”, en el marco del Proceso Euro-mediterráneo de Barcelona lanzado en 1995—, la integración regional magrebí sigue profundamente obstaculizada, paralizada por bloqueos estructurales, políticos e ideológicos.
El fracaso manifiesto de la UMA se explica por múltiples factores. Me limitaré aquí a exponer tres de los más determinantes.
En primer lugar, esta unión se construyó negando la historia milenaria y la identidad amazigho-africana auténtica del África del Norte, al adoptar una denominación reductora e inapropiada: «Magreb Árabe». Dicha denominación no es inclusiva, ni integradora, ni respetuosa de la pluralidad identitaria, cultural e histórica de los pueblos norteafricanos.
En segundo lugar, la UMA se basa esencialmente en una ideología importada, artificial e impuesta —el arabismo-islamista— que hoy se encuentra en claro declive. La 35.ª edición de la Copa Africana de Naciones 2025, organizada recientemente en Marruecos, ofreció una ilustración elocuente de ello. La ausencia total de solidaridad entre los aficionados norteafricanos fue evidente: aficionados marroquíes apoyando a las selecciones del Congo o de Nigeria contra Argelia; aficionados argelinos y tunecinos expresando abiertamente su satisfacción tras la derrota de la selección marroquí en la final frente a Senegal; o incluso el entusiasmo de aficionados marroquíes ante la victoria de Nigeria sobre Egipto —país en el que Gamal Abdel Nasser había elevado en su época la ideología árabe al rango de religión de Estado—. Estos comportamientos reflejan de manera definitiva el derrumbe del mito de una fraternidad árabe unificadora y del mito de la «nación árabe».
En tercer lugar, la persistente obsesión de los generales argelinos —verdaderos detentadores del poder— orientada, desde hace cinco décadas, a crear artificialmente un sexto Estado denominado “árabe” en el seno del Sahara occidental marroquí, en contradicción total con toda lógica histórica, política y geográfica. Esta política ha conducido a la asfixia de la economía argelina y a la ruptura de las relaciones diplomáticas con Marruecos, contribuyendo así a la parálisis total de la UMA.
Estos factores acumulados han transformado esta unión regional en una cáscara vacía desde su creación en Marrakech el 17 de febrero de 1989 hasta hoy.
Excelentísimos Señores Ministros,
A la luz de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 31 de octubre de 2025, que consagra el plan marroquí de autonomía presentado en 2007 como “la base más realista y creíble” para alcanzar una solución definitiva al diferendo del Sahara —resolución que las autoridades argelinas se vieron obligadas a asumir durante el encuentro de Madrid, bajo impulso estadounidense, el pasado 8 de febrero—, les invito solemnemente, en su calidad de ministros de Asuntos Exteriores de los Estados norteafricanos, a proceder a la disolución de la UMA y a emprender una reflexión seria, lúcida y valiente sobre la reconstrucción de una nueva unión regional.
Esta nueva unión debería basarse en fundamentos realistas y pragmáticos, acordes con los valores profundos de nuestros pueblos, inspirándose en una visión africanista y pan-amazighe, y liberándose definitivamente de las consideraciones ideológicas arabo-islamistas hoy obsoletas.
Se trata de fundar la «Unión de Tamazgha», a imagen de la Unión Europea, apoyándose en la historia milenaria del África del Norte y en los recientes descubrimientos arqueológicos. Dicha unión debería ser plenamente conforme con la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948, así como con la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas del 13 de septiembre de 2007. Debería erigir como prioridades absolutas los derechos de las mujeres, la lucha contra toda forma de discriminación, el respeto de la diversidad etnolingüística, la pluralidad de las creencias religiosas y el pluralismo político.
Dado que Marruecos y Argelia han reconocido la oficialidad de la lengua amazigh respectivamente en 2011 y 2016, así como su reconciliación con su historia amazighe plurimilenaria mediante el reconocimiento del calendario amazigh en Argelia en 2018 y en Marruecos en 2023, esta unión regional del África del Norte debería orientarse igualmente hacia el establecimiento de un sistema político federal, basado en una amplia autonomía regional, inspirado en las antiguas instituciones sociopolíticas autóctonas de nuestras confederaciones tribales, conforme al espíritu del «Manifiesto de Tamazgha*».
Un modelo federal de este tipo —similar a la propuesta marroquí de autonomía de 2007 para el Sahara occidental, recientemente reforzada por la Resolución 2797— permitiría resolver definitivamente la cuestión del Sahara marroquí, desactivar las aspiraciones separatistas en Kabilia y poner fin a los conflictos civiles e intertribales en Libia. Abriría así el camino a una nueva dinámica regional capaz de responder a las legítimas expectativas de nuestros pueblos.
En conclusión, recordando la célebre frase del líder amazigh panafricano Massinissa —«África para los Africanos»—, les instamos a reconocer plenamente los fundamentos africanos y amazighies de todos los países del África del Norte. Apelamos a su sentido de la responsabilidad, a su espíritu de apertura y a su deber histórico para movilizar toda su influencia diplomática con el fin de refundar la “Unión de Tamazgha” y reconciliarnos de manera duradera con nuestra historia común.
Parafraseando lo que afirmó acertadamente Su Majestad el Rey Mohammed VI con motivo del reconocimiento del Año Nuevo Amazigh, el 3 de mayo de 2023, es necesario afirmar con fuerza que la amazighidad, como componente esencial de la identidad norteafricana auténtica, rica por la pluralidad de sus afluentes, constituye un patrimonio común de todos los pueblos del África del Norte sin excepción.
Les ruego acepten, Excelentísimos Señores Ministros, la expresión de nuestra más alta consideración.
Rachid Raha, Presidente de la Asamblea Mundial Amazighe **
[*]- https://amamazigh.org/
[**]- https://amamazigh.org/







