Por: Rachid RAHA*
Durante una conversación con la princesa Belkiss, hija del difunto gran resistente tuareg Mohamed Ali Ag Taher Al Ansari, originario de Tombuctú, ella afirmaba que su tribu pertenecía a la línea de los Shurfa, esos santos musulmanes descendientes de los Al Ansar, venidos de Arabia y que trazaban su ascendencia hasta Fátima-Zahra, hija del profeta Mahoma.
Le señalé entonces que los descubrimientos arqueológicos y antropológicos más recientes invitan a revisar este relato, situando nuestros orígenes no en Arabia, sino en la propia tierra africana, junto al “Hombre de Adrar Ighud”, identificado como el Homo sapiens más antiguo conocido hasta la fecha, con aproximadamente 315.000 años de antigüedad.
Los orígenes de la identidad
Este descubrimiento crucial fue realizado en Marruecos, entre Safi y Marrakech, por los paleoantropólogos Jean-Jacques Hublin (Instituto alemán Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig) y Abdelouahed Ben-Ncer (Instituto Nacional de Ciencias Arqueológicas y Patrimonio, INSAP)[1].
La princesa respondió entonces con una ingeniosa y conmovedora observación: «¡Así que nuestros antepasados partieron hacia la Península Arábiga, y sus descendientes apenas ahora están regresando a casa!».
Los mitos de los orígenes arábigos
La idea de que los Imazighen (Bereberes) provienen de Arabia sigue difundida ampliamente por una historiografía oficial moldeada por ideologías nacionalistas árabo-musulmanas. Esta visión, promovida en varios países del Magreb, sostiene que los ancestros de los Amazighes vinieron de Yemen, cruzando el Mar Rojo para establecerse en África del Norte.
Sin embargo, los datos arqueológicos y paleoantropológicos contradicen claramente esta versión mítica. Es necesario distinguir entre el “Hombre de Adrar Ighud”, el Homo sapiens más antiguo identificado hasta la fecha —origen de toda la humanidad—, y la civilización amazigh, que surgió mucho más tarde, hace aproximadamente 9.000 a 10.000 años. Según el antropólogo Gabriel Camps, ésta habría emergido en Túnez, en la región de Gafsa, dando lugar a la civilización prehistórica capsiense.
Los capsianos, activos del VIII al V milenio a.C., se expandieron de este a oeste a través del Magreb central y oriental. Vivían principalmente de la recolección y la caza, especialmente de caracoles, como lo demuestran numerosos sitios arqueológicos. Uno de los ejemplares humanos más completos, el hombre de Aïn Dokkara (Tébessa), se distingue por una morfología armoniosa y un cráneo menos macizo.
Estas poblaciones enterraban a sus muertos según rituales variados, y su arte animal, observado en cáscaras de huevo de avestruz o en las grabaciones de El Mekta, muestra una estética refinada y una conciencia simbólica avanzada —características que G. Camps relaciona con las primeras formas de arte amazigh [2].
Capsianos e Ibéromaurusios: las dos raíces prehistóricas del Magreb
Los capsianos se habrían impuesto sobre una civilización más antigua: la de los ibéromaurusios, cuyos restos —incluidas las necrópolis de Mechta Afalou, Afalou Bourhummel (C. Arambourg, 1928), Tafoghalt (L’Abbé Roche, 1953; D. Fermebach, 1962) y Colonnade (M.-C. Chamla, 1970)— cubren la costa magrebí y los montes telianos. Estos proto-mediterráneos se consideran precursores de los Amazighs por las similitudes antropológicas con las poblaciones actuales del norte de África.
Los ibéromaurusios, altos (1,74 m de promedio) y robustos, practicaban la avulsión dental y diversas formas de ritos funerarios. Su industria microlítica, muy elaborada, incluía raspadores, lascas, buriles y herramientas de hueso —testimonios de un alto nivel de técnica.
Gabriel Camps estimaba su origen en el Cercano Oriente, reconociendo al mismo tiempo sus afinidades mediterráneas y africanas: “Esta llegada es tan antigua (10.000 años) que sus descendientes no necesitan ser clasificados como verdaderamente autóctonos”.

Los descubrimientos recientes: hacia un origen sahariano
Los avances recientes en arqueología y antropología genética han cuestionado profundamente estas hipótesis orientales. Los nuevos datos apuntan ahora a un origen autóctono, sahariano y africano de la civilización amazighe.
Las frescos y pinturas rupestres del Sáhara central —especialmente los del Tassili n’Ajjer— muestran que hace 10.000 a 6.000 años, esta región, hoy desértica, era tierra verde y habitada, atravesada por ríos y poblada de fauna abundante. La prehistoriadora Malika Hachid, en su obra “Les Premiers Berbères” [3], demuestra que: “Los proto-beréberes bóvidos son herederos de la gran civilización neolítica del Sáhara, una de las más antiguas del mundo, tan antigua e innovadora como la del famoso Creciente Fértil en el Medio Oriente… Civilizadores desde el amanecer de su existencia, estos primeros bereberes llevaron el Neolítico a su apogeo; se beneficiaron de los últimos milenios húmedos que verdearon el Sáhara. Aunque pertenecen a los últimos tiempos de la prehistoria, y su entorno de grandes depredadores aún recuerda un paisaje africano, el aspecto civilizatorio reflejado en su arte se acerca más al mundo mediterráneo y a la historia que a la prehistoria. Comparados con otras grandes etnias del Sáhara prehistórico, estos proto-beréberes destacan, pues ya no parecen simples comunidades de pastores-cazadores, sino una verdadera sociedad construida alrededor de usos, convenciones y valores visiblemente elaborados. En su arte, los signos exteriores de abundancia no engañan: es un pueblo saludable, dotado de un dinamismo particular, animado por el placer de moverse y actuar, ya sea para cazar o participar en un duelo deportivo o guerrero. Es un pueblo civilizado, como lo demuestra el cuidado en la peluquería, la vestimenta y la ornamentación, la elegancia de la postura y el gesto, y la calidad de las relaciones humanas dominadas por un alto nivel de convivialidad donde las escenas de debate adquieren la apariencia de ceremonias de corte”.

Añade además que: “Durante el Neolítico, gracias a una gran humedad, el Sáhara central estaba a la vanguardia del progreso. Desde el XI milenio a.C., los hombres se involucraron en un proceso innovador sin precedentes en la historia de la humanidad: aprendieron a fabricar cerámica. Esta es aún más antigua (11.000 años a.C.) que la del Cercano Oriente (10.000 años a.C.)”.
Este Sáhara “verde” albergaba así una de las primeras sociedades complejas del mundo, cuyo arte rupestre revela códigos estéticos, sociales y espirituales de asombrosa sofisticación.
Las excavaciones recientes del proyecto Middle Draa: la confirmación marroquí
Los trabajos arqueológicos contemporáneos refuerzan esta hipótesis. Dentro del Middle Draa Project [4], fruto de la colaboración entre la Universidad de Leicester (R.U.), dirigida por el profesor David J. Mattingly, y el INSAP marroquí, representado por el antropólogo Youssef Bokbot, se identificaron más de 2.200 sitios arqueológicos en el valle del Drâa, entre Agdz y M’Hamid, en la provincia de Zagora.
Estas excavaciones, realizadas de 2016 a 2024, revelaron más de 22.000 tumbas protohistóricas y preislámicas, aldeas fortificadas y restos de urbanización medieval de los periodos almorávide y almohade. Según Bokbot, se trata de un récord absoluto para el Magreb-Sáhara.
Los miembros de este equipo mixto marroquí-británico están finalizando monografías que atestiguan, según la antropología física, el origen sahariano de la civilización amazigh. Incluso se descubrieron pinturas extraordinarias que ilustran la matrilinealidad de estas sociedades amazighies antiguas, un rasgo cultural que los tuaregs todavía conservan hoy.
El aporte de la genética: confirmación científica
Desde el año 2000, los trabajos de Antonio Arnaiz-Villena y Jorge Alonso García (Egipcios, Bereberes, Guanches y Vascos, Universidad Complutense de Madrid) [5] sugerían que una vasta población sahariana hablaba un idioma único y compartía una identidad genética común, antes de emigrar hacia las costas mediterráneas debido a las grandes desertificaciones postglaciares hace unos 20.000 años.

Estos autores van más allá y presentan pruebas de que: “El estudio genético de los egipcios (basado en genes HLA) y su comparación con otros pueblos mediterráneos los sitúa en un grupo mayoritario antiguo que incluye egipcios, judíos, cretenses, marroquíes, argelinos, italianos, españoles y vascos, quienes mantuvieron contactos genéticos y flujos culturales durante un período muy amplio”.
El profesor Antonio Arnaiz-Villena concluye: “Probablemente existía una gran población a lo largo del desierto del Sáhara y en el norte de África, con un solo idioma y posiblemente una identidad genética… Este pueblo fue obligado a emigrar durante las fluctuaciones climáticas de desertificación ocurridas hace unos 18.000 años (después de la última glaciación), y cuando la región se convirtió en desierto y sobrevivir se volvió difícil, emigró masiva y definitivamente hacia las costas del norte del Mediterráneo (península ibérica, sur de Italia, islas mediterráneas occidentales), hacia las islas del Atlántico (Islas Canarias) y hacia el este (Egipto) alrededor del 6000 a.C.”
Estudios genéticos más recientes, publicados en Nature (2 de julio de 2024), confirman estas conclusiones: el análisis del genoma de un egipcio de la época predinástica (Nuwayrat, 4.600 años) reveló que cerca del 80 % de su ascendencia proviene del Neolítico marroquí [6].
Amazighes y egipcios: un profundo parentesco
Estos datos refuerzan una hipótesis fascinante: la civilización egipcia tendría raíces saharianas y amazighes.
El egiptólogo Zahi Hawass afirmó que los egipcios “no son ni árabes ni africanos” [7]; se puede admitir que no son árabes, pero su africanidad es indiscutible. La antropóloga norteamericana Helene E. Hagan [8] observa que las culturas amazighes y egipcia comparten numerosos rasgos lingüísticos y simbólicos, y que el período predinástico (5000–3000 a.C.) constituye el vínculo fundador entre el Sáhara occidental y el valle del Nilo.
Hagan afirma: “Tenía un conocimiento previo vago de que el territorio libio se extendía hasta el Nilo en algún momento, y que el idioma amazigh y el idioma egipcio tenían ciertas similitudes y ambos pertenecían a lo que los eruditos clasificaban como familia de lenguas hamíticas. No sabía que, paso a paso, encontraría tantos paralelismos, tantos indicios y raíces comunes profundas, una vasta gama de información etimológica que no he agotado en absoluto”.
La investigadora argelina Taklit Mebarek-Slaouti [9], basándose en grabados del Tassili n’Ajjer, carros rupestres y túmulos funerarios, destaca la continuidad artística y ritual entre los pueblos saharianos y los antiguos egipcios. Señala que: “Antes de esta desertificación que duró cerca de 500 años según las regiones y las migraciones obligadas que la acompañaban, el Sáhara se distinguía primero por un arte de muy alto nivel y diverso, el de las ‘Cabezas Redondas’ y el ‘Bubalin’. Este arte se remonta a tiempos inmemoriales según las superposiciones de pinturas y grabados en los mismos sitios. Estos rupestres —lo que queda y descubrimos— reflejan una vida idílica en el Sáhara. Cursos de agua, diversas plantas y lagos permitían al hombre vivir de la pesca, la caza, la ganadería y también de la agricultura… El Sáhara también se distinguía por una cerámica muy abundante y diversa, idéntica en todos los lugares y que data de más de 8.000 a.C., anterior a todo lo encontrado en Oriente (Palestina o en otros lugares). Por otra parte, en el Magreb, el pueblo bereber (pues los individuos exhumados de tumbas de más de 8.000 años a.C. tienen el mismo esqueleto que el nuestro hoy) criaba ovejas y cabras, conocía la agricultura ya que la mayoría de los sitios llamados capsianos mostraban superpoblación desde esa época de 8.000 a.C.”
Hacia una reescritura de la historia de África del Norte
Los descubrimientos arqueológicos y genéticos de las últimas décadas imponen una revisión profunda de los manuales de historia de los países de Tamazgha (África del Norte).
El mito panarabista de los orígenes yemeníes de los Amazighs debe dar paso a una verdad ya científicamente establecida: los Amazighs son indígenas, saharianos y civilizadores. Este pueblo no solo contribuyó a la génesis de la civilización egipcia, sino también a la de los guanches de las Islas Canarias, los íberos, los sicilianos y los pueblos protomediterráneos [10].
Irónicamente, según algunos estudios genéticos, parte de las poblaciones de Arabia Saudí y Yemen descienden, a su vez, de estos mismos ancestros saharianos [11].
*conferencia ofrecida durante el seminario internacional sobre el tema de : l’amazighité et l’unité territoriale du Maroc », en la Universidad de Fes, el 15 de noviembre de 2024.
** Presidente de la Fundación David Montgomery Hart des Estudios Amazighies y Presidente de la Asamblea Mundial Amazighe
Notas :
[1]- www.youtube.com/watch?v=yl-yo49hGqg
[2]- Gabriel Camps: Les Berbères, Mémoire et identité. Errance, Paris, 1987 & Les Civilisations préhistoriques de l’Afrique du Nord et du Sahara, Editions Doin, Paris, 1974.
[3]- Malika Hachid : Les Premiers Berbères, entre Méditerranée, Tassili et Nil. Edisud, Aix-En-Provence, 2000.
& https://journal.equinoxpub.com/JIA/article/view/20440/24261
[5]- Dr. Antonio Arnaiz Villena et Jorge Alonso Garcia: Egipcios, Bereberes, Guanches y Vascos. Université Complutense de Madrid, 2000.
[6]- www.nature.com/articles/s41586-025-09195-5
ou https://acrobat.adobe.com/id/urn:aaid:sc:EU:a8bc75bf-837c-4e9b-9269-5afc05fc8c7e
[7]- www.youtube.com/watch?v=kIqH20G2k1c
[8]- Helene E. Hagan: «The Shining ones; an etymological essay on the Amazigh roots of Egyptian civilization». USA 2000.
& Akhu, essai étymolorique sur les racines amazighes de l’ancienne civilisation égyptienne ; Xlibris, USA 2022.
[9]- Taklit Mebarek-Slaouti : Les Amazighs en Egypte. Des temps les plus reculés aux dynasties Amazighes. Editions ANEP, Alger 2016.
[10]- http://amadalpresse.com/RAHA/Origines.html
[11]-http://journals.plos.org/plosone/article/file?id=10.1371/journal.pone.0192269&type=printable







